Vida de perro, envidia de amo
Quejarse está siempre de moda, sobre todo cuando la vida nos enseña los colmillos, y entre disgustos, sinsabores y escaseces nos da lo mismo que salga el sol o no, o que nos pongamos a caminar a cuatro patas como los perros. Total así es la vida que nos pegamos, “vida de perros”. Sin embargo, no creo que muchos se hayan detenido seriamente a pensar: ¿qué es realmente vivir como un perro?
Expongamos el asunto de una manera sencilla (hasta un perro podrá entenderlo), imaginemos que un buen día sentimos un ruido inusual en nuestra puerta y al abrirla, nos encontramos con la grata sorpresa de un pequeño cachorrito de perro, de apenas unos días de nacido y pidiendo ayuda en su lenguaje natural, a nosotros que se nos parte el alma al ver a la indefensa criatura, pues nada véngale, que aquí podemos compartir los dos el espacio, claro con una condición dice el humano, yo soy el amo y tu el perro, te queda claro eh!
Ah, pero que exagerado eres, coño, si ya no queda más que decir. Vamos, que todas las historias de perros no son iguales, o es qué acaso se te olvidó la de los “101 Dálmatas”, o la de RobRob que quería un perro, a ver, ¿por qué no haces esa? OK, haya vamos.
RobRob: Decide un buen día que quiere y necesita de la compañía de un buen amigo (Perro) en su casa.
Perro: Adoptado con presteza y llevado a la casa apenas abrió los ojitos.
RobRob: Contento y satisfecho porque ya ha logrado tener un perrito en casa se prepara para dormir, pero…
Perro: Como es pequeñito y extraña a la madre, gime toda la noche, o sea pega lo que se llama: una “noche de perros”
RobRob: Se levanta preocupado (¡?), cree que Perro tiene frío y lo tapa con una colcha. Luego se acuesta y empieza a pensar en el día que Perro sea grande y se haya acostumbrado a vivir en la casa.
Perro: Madrugada. Continua con su “noche de perros”. No es frío lo que tiene; es hambre.
RobRob: Se despierta otra vez y cae en cuenta que lo que el animalito necesita es leche, tiene hambre. Va a la cocina y busca en el refrigerador un poco de esta y la pone a calentar; entonces cae en cuenta que por primera vez en muchos años está haciendo algo que había dejado a la ejecución de su esposa. Y como no tiene la práctica requerida la leche hierve. Tiene entonces que enfriarla.
Perro: Sigue llorando desconsoladamente.
RobRob: Se da una pequeña quemada, pero no importa; todo por el animalito que sufre la ausencia de su madre.
Perro: Duerme a patas sueltas después de tomarse la leche tibia.
RobRob: No logra conciliar el sueño después de dos levantadas fuera de programa y fuera de costumbre, por lo que llega al trabajo en la mañana ojeroso y estropeado.
Perro: Crece por días. Ya se va valiendo por sí mismo y no se conforma solamente con un platico de leche tibia.
RobRob: Va creciendo el lazo afectivo que lo une a Perro a la par de sus conocimientos sobre la crianza de estos. Visita veterinarios, invierte en las vacunas para protegerlo de cuanta enfermedad puede, habla con personas que llevan a sus perros al parque, pregunta a los de más experiencia.
Perro: Aprende “al fin” a hacer pipi y caca en el patio y a no desbaratar cuanta media y zapato ve.
RobRob: Aprende a recoger la caca de Perro y botarla en la basura, también a fregar el piso con abundante agua y cloro para eliminar el olor a orina. “El patio es para Perro la casa para nosotros, dice RobRob. Pero lo que no ve RobRob es que Perro como dueño de patio que es, marca inmediatamente con orina su territorio, y defiende este incansablemente.
Perro: De día le ladra a los gorriones, a las sábanas que se mueven o a las hojas que caen. Pero de noche no deja gato que se acerque y los recibe con gruñidos y ladridos feroces, también se molesta con las nubes que se mueven allá en lo alto, las sombras y hasta con la luna cuando se pone cerca y luminosa.
RobRob: Desde su cama no sabe discernir cuando es gato, luna o ladrón; y a cada rato tiene que levantarse con un bate de béisbol en la mano para sorprender a algún furtivo en su patio. Pero sólo comprueba que no hay nadie, orina por quinta vez y trata de dormir lo que le queda de la noche. Extenuado hace cambios:
- Por el día, que Perro esté en el patio, pero por la noche que duerma dentro.
Perro: Se pasa varias noches tratando de salir al patio como tenía acostumbrado y se aburre en casa. Las noches son largas y se la pasa arañando la puerta de la cocina y olisqueando el perfume del patio por debajo de la puerta hasta que se da cuenta de que dentro las noches son más tibias y acogedoras. Claro que este período de adaptación “intracasera” le ha costado al señor RobRob varias noches de desvelos. En las mañanas. AAAUFF (bostezo) ¡Ah, las bellas mañanas!
RobRob: Se levanta tan pronto suena el despertador a las seis menos cuarto. Mientras se prepara para el trabajo también le pone un poco de su desayuno a Perro.
Perro: Mira con indiferencia el pozuelo de café con leche tibia, añorando un suculento filete matutino.
RobRob: Sale disparado para el trabajo.
Perro: Duerme plácidamente toda la mañana para recuperarse de la agitada noche persiguiendo lagartijas, gatos y sombras. Por la tarde, después del almuerzo, siente calor y deseos de descabezar una buena siesta. Así lo hace hasta que llega RobRob del trabajo, extenuado, corriendo, sudado y con deseos de ni hablar. Se quita la ropa y rápidamente se pone ropa fresca para sacar a Perro por todo el barrio para que haga caquitas extras y meadillas en cada poste y en cada esquina. También pacientemente RobRob espera a que Perro olisquee cada entrepierna (o mejor dicho entrepata) de las perras de la vecindad y reconozca cada “trasero” de sus amigos perros del vecindario. Cuando regresan le quita la cadena de paseo y le cepilla el pelo para darle lustre según leyó en una revista especializada en crianza de animales domésticos. Solo luego es que se ocupa de sus necesidades personales pendientes.
Perro: Espera tranquilo, reclinado en algún rincón, el manjar que le preparará amo sin falta.
RobRob: Se siente como alguien que tiene un “Perro” de su propiedad.
Perro: Se siente como un Amo que consiguió tener casa y un esclavo para que le atienda todas sus necesidades perrunas.
Para colmo, RobRob le reclama a la esposa el que ella dedique más tiempo y cariño a Perro que a él. Ella responde: “Si cada vez que nos acostáramos a dormir menearas tu “colita” tan seguido como lo hace Perro cada vez que me ve, de seguro que serías mí preferido…”
¿Quién llevará aquí vida de perro? ¿Nos habremos equivocado en la sentenciosa aseveración inicial del post?
Nota: La historia está basada en hechos reales, y refleja fragmentos de los diarios de Perro (Lucky) y de Amo (RobRob). La traducción al castellano ha sido hecha con algunos altos y bajos (perretas) por RobRob, con la cooperación de GAO y EGA. Es decir un post a doce patas sin contar las de Perro, que para algo es Perro.




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Excelente relato, justo para plantearse la quién lleva la vida de perro? la verdad es que son un encanto pero cuando ya estan adiestrados, no en la fase que se comen los zapatos, no me gustaria ser perro, por no comer siempre lo mismo: concentrado (aunque se les varie la marca) mi perra, no es tal, es más miedosa, le teme hasta a la lluvia, Un fuerte abrazo
Bueno, este post de verdad se las trae, pues los que tradujeron lo que contaba Perro, casi terminan a mordidas,
. Por suerte Perro zanjo las diferencias. Por cierto, tengo algo en mente, algo como lo de esta historia, es decir con mas de un autor, pero con un giro distinto, ya te habia mencionado algo, asi que creo puede interesarte. Prometo en unos dias darte mas detalles.
Saludos EGA
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