¿Qué sabe usted de la fama y el adulterio?

Mucha gente dice y otros repiten sin pensarlo que los famosos tienen patrones morales inferiores a los nuestros, yo creo que lo que sí tienen es mayores oportunidades. Este a mi juicio es el factor que muchos no ven a la hora de hablar de los desordenes de Tiger Woods.
Yo amo muchísimo a mi esposa, y estoy muy seguro que mí amor sería capaz de resistir cualquier tentación, lo cual por supuesto ustedes tendrían que creer. Aunque, mi fidelidad de acero no es puesta a prueba 400 veces por día con azafatas que te murmuran en el oído: “Estás como los espaguetis, …para chuparte”.
Piénsenlo, en algún momento toda esas seducciones pueden llevar a un hombre a la perdición, bueno al menos eso es lo que yo creo.
Tome en cuenta además que lo que decimos y como lo decimos puede alimentar sueños, emociones y lujurias. Claro que no hablo de bobadas como las que decía cuando era soltero a las chicas: “sabes guapa, si te llegas a mí casa hoy te cocino una cena fantástica”.
¡No, no! Nada de eso.
Hay famosos que dicen cosas más sencillas y con tremenda pegada. De todas ellas quizás la mejor la haya dicho Bill Clinton el mismo día de su inauguración: “Hola. Yo soy el presidente”. Muy cerca, en segundo lugar está la que dice uno cualquiera de sus primos ricos: “Hola, soy multimillonario”. Igualmente efectivas son: “Hola, soy el director de películas blah” y “Hola, soy Jay-Z”.
Hablo en serio, sí usted puede presentarse con cualquiera de esas palabras con voz calmada y cara serena, se verá pronto defendiendo su moral a capa y espada como si estuviera en una de las cruzadas. Dicho de otra manera, cuando Jack Kennedy se cansó de Marilyn Monroe, él le cedió el dulce a su hermano Bobby agregando algo así como: “…hermano, si la tomas verás afuera una larga línea de piernas esperando por ti”.
Antes que se me olvide, la segunda peor frase (después de la mía) es: “Mí esposa anda de viaje, ella nunca se va a enterar”. Aunque parece muy efectiva de inicio, Tiger descubrió abruptamente que rara vez es buena o efectiva a largo plazo.
Así que aquí estamos sopesando la enorme carga que tienen que soportar nuestros queridos atletas, políticos, curas, rockeros o estrellas de cine.
Y me pregunto una y otra vez: ¿serán los famosos peores que nosotros?, ¿Amarán a sus esposas como nosotros?
Difícil respuesta, sobre todo cuando no hemos pasado por la experiencia o por las lujuriosas experiencias.
